La ética no es un accesorio de lujo que tienes colgado en tu pared; algunas empresas la tratan como algo decorativo e irrelevante para su accionar diario; por el contrario, la ética debe ser el centro y motor de toda acción empresarial. Actualmente, la desconfianza por parte del público ha aumentado por los casos de corrupción y malas prácticas.
La ética deja de ser una opción y se
convierte en una necesidad urgente. Se presenta como el puente fundamental para
reconstruir la credibilidad y restaurar la confianza con todos los grupos de interés:
clientes, empleados, contratistas, comunidad.
Para que sea funcional y no solo una política, se deben basar las decisiones en principios sólidos como el utilitarismo, el derecho y la justicia. La aplicación consciente de estos principios es lo que permite a las empresas ser verdaderamente sostenibles y responsables a largo plazo. No basta con hacer lo correcto; hay que tomar conciencia en cada decisión, procurando el respeto y la equidad para con las personas.

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