Emprender no es
fácil, y más si no tienes los recursos que requieres para avanzar hacia tu
objetivo, porque cada decisión que tomamos es fundamental para seguir
avanzando. En mi caso, lo que más me costó de un emprendimiento que tuve, fue la
falta de conocimiento del área financiera. Mi mayor
desafío fue dar créditos a mis clientes; mi intención era ayudar y ser
flexible, pero esa confianza afectó la economía del proyecto. La enseñanza fue
clara: debe haber un equilibrio entre lo humano, lo financiero y cualquier
área. Hoy entiendo que una empresa no solo se levanta con buenas
intenciones, sino también con decisiones claras y enfocadas en crecer sin
perder el lado humano.

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